24 de marzo de 2017

Segunda semana en Nepal (2)


En mi escrito anterior os hablaba de cómo he visto a los niños del orfanato, y los cieguitos donde hice voluntariado, aunque para mí, no es voluntariado donde yo ofrezco algo, pues realmente obtengo y extraigo más de lo que doy. Para no escribir posts muy largos, hablaré en este sobre lo concerniente a lo espiritual (¿aunque, espiritual no lo es todo?).

Hay gente que me dice que si voy a Katmandú en busca de paz y tranquilidad. La respuesta es no. En esta ciudad no es fácil encontrarlas, si no visitas un monasterio, una estupa, o un centro de meditación. El resto de la urbe es caótico, pero todo responde a un caos ordenado. Un caos que si viviésemos en Europa colapsaría la vida: la conducción, las propias calles con su desigual pavimento, la disposición de mercadillos y puestos improvisados, las aglomeraciones en según y qué zonas, el polvo, los ruidos y pitidos constantes de coches, autobuses, ricksaw, motos... llega un momento en el que creo que hasta las personas que me cruzo pitan. Y en todo ese caos, como os digo, se respira la esencia de un orden que mantiene y da carácter a la vida aquí en Katmandú.

Eso sí, hay auténticos santuarios de paz, cargados de una espiritualidad que según veo pocos perciben: Bouddhanath, Swayambunath, la estupa de Sree Gha, o el Templo de Amithaba, en lo más alto de la montaña, con sus Cinco Budas presidiendo la entrada y que en esta ocasión no visité (me dice mi hermano nepalí Shambhu que está todo en ruinas por el terremoto). Otro remanso de paz, le sacaré algo la cara a Katmandú aunque esté a las afueras de la ciudad, es el centro Vipassana donde pude disfrutar de un retiro en 2013.

Es decir, si vas a Katmandú en busca de paz va a costar encontrarla, ya tenéis unas pequeñas indicaciones. Pero fuera de allí sí es fácil: numerosos monasterios budistas en casi cualquier pueblo, o los dos que visito en cada viaje: el Jangchub Choeling Gompa, y el Pema Tsal Sakya; donde conozco a un monje y al secretario del monasterio respectivamente. Les he llevado en esta ocasión un ejemplar del doble CD de cuencos tibetanos que edité hace poco más de un año.

Otro CD se ha ido al monasterio budista más grande del sur de la India, el Sera Mey Monastery de Karnataka. Compartí un largo trayecto en taxi con dos monjes con quienes entablé una larga conversación sobre casi de todo, excepto fútbol. Y uno de ellos, Karma, se llevó el CD para allá. Karma estaba unos días en Nepal con el mismo fin que yo: pasar Losar allí.

Losar es la festividad de Año Nuevo para los budistas tibetanos. Se cumple el año 2144 (no marca el nacimiento del Buda, que fue como hace 2.500 años), y ya pude estar en alguna edición anterior también aquí. En esta ocasión lo viví menos intensamente, pero con la mejor intención y mi ofrenda en la estupa de Bouddha, donde miles de tibetanos y sherpas (que también celebran su cambio de año) giran y giramos alrededor de la famosa estupa al menos tres veces.

Y escribiría más.... pero he de resumir.

















En otro post os ofreceré más fotografías. Por ahora, sólo estas. Gracias por vuestro interés y atención.